
CRECER, una palabra tan sencilla, pero puesta en práctica resulta muy compleja. Crecer, implica cambios. Unos más duros que otros pero cambios al fin. Cambios en tu vida, algunos cargados de golpes. Golpes que te ayudaran a verla de una forma más amplia, total que sentirás que la vida misma se te escapa de las manos llevándote a un punto tal que sientes perder el control de ella. Pero el reto de crecer esta allí, en saber sobrevivir a todo ello para luego ser contado como anécdota. A esto yo lo llamo “la etapa del gran cambio. La madurez.”
El tiempo transcurrió tan rápido para mí que ni cuenta me di. Sin pensarlo, ya me toca vivir una nueva etapa, la universitaria. Me encuentro hoy sentada frente a un salón de clases. Hay jóvenes alrededor, en su mayoría de 17 y 18 años de edad. Sin embargo no todos tenemos la misma forma de ver la vida y por tal, de vivirla. A pesar que tenemos casi la misma edad, muchos aun no dejan de ser niños, pues al igual que en la primaria tiran las bolitas de papel para molestarse entre sí o esperan muy ansiosos la hora del recreo para salir raudamente del aula y hacer de las suyas. Pero cuando el tiempo se les agota, fastidiosos vuelven a la sala.
Es el tercer día de clases, llega una profesora a dictar el curso de desarrollo personal. Una docente muy atractiva y al mismo tiempo buenísima como profesional. Pidió que la llamaran Lucy. Era la miss Lucy para todos.
Miss Lucy, internamente de todo ese muy común discurso que daba cada docente al iniciar su presentación y que hacia dormir a muchos, a causa de una palomillada que un inquieto compañero le hiso. Mencionó una frase que dejó pensando a pocos pero en especial a mí:
- “¡Ah, Chicos y chicas! ¿Cuándo maduraran?”.
- ¿Habré madurado?, me pregunté.
Fueron cinco palabras que me transportaron a cinco años de mi vida pasada.
- “¡Ah, Chicos y chicas! ¿Cuándo maduraran?”.
- ¿Habré madurado?, me pregunté.
Fueron cinco palabras que me transportaron a cinco años de mi vida pasada.
Cuando tenía 12 años... alli empieza parte de mi historia.
Acababa de iniciar la secundaria, tuve que dejar atrás a mis compañeros de la primaria y enfrentarme a una realidad que hasta entonces me era ajena. Es cuando entras a esta etapa que experimentas cosas nuevas. Lejos de los cambios físicos y fisiológicos que tu cuerpo recibe, entran a tallar mucho los psicológicos. Ya no tenía 9,10 ni 11 años; ahora tenía 12. No pensé que sería tan difícil pues hasta los tres primeros días todo era de lo más normal. Pero fue precisamente a esa edad en la que llegué a conocer tantos sentimientos positivos como la verdadera amistad y el primer amor y al mismo tiempo sentimientos negativos como: odio, celos, envidias, rencor entre otros.
Entrar a la secundaria es entrar a un círculo mayor. Ya no vives dentro de tu casita de cristal que papá y mamá se encargaron de construirte. Ya no vives entre de tu mundo de fantasías. Ahora te toca vivir la realidad muy pero muy de cerca.Conocí en mi colegio a Dante, un chico cuatro años mayor que yo, que me atrajo mucho por su manera de ser y su aspecto físico. Dante era un chico muy popular en el colegio. Muchas chicas morían por estar con él, y como no si era guapísimo. Aceptar andar con él fue tirarme al bolsillo a un grupo poderoso de enemigas. Se había formado un grupo de 6 chicas, tres de ellas eran sus ex, y las otras tres íntimas amigas de ellas. Todas, de lo que antes no se llevaban muy bien, decidieron unirse con un solo objetivo: hacerme la vida de cuadritos a como de lugar, pues ninguna toleraba mi relación con Daniel. Tenían un odio compartido hacia mí. Mi vida cambio de golpe.
Transcurrió el tiempo. Había pasado 6 meses de iniciada las clases, era casi el mismo tiempo que llevaba con Dante. En el colegio estaba cargada de trabajos. Dos días antes, habían entregado las libretas de notas, solo teníamos que hacer que los padres la firmen para devolverla. Ese día, tenía en la mochila casi todos mis cuadernos de cursos pues tocaban revisiones, además de algunos trabajos pendientes y mi libreta de notas.
Habían terminado por ese día las clases. Eran las 6pm. Salí con una amiga y no estaba muy lejos del colegio cuando Isaac, un compañero de salón me fue a avisar que la auxiliar Juliana me estaba buscando. Yo, para no cargar nuevamente con todas mis cosas, se las encargué a Kelly, mi amiga. La dejé por unos 10 minutos. Ella puso la mochila en una banca y se paró pues se entretuvo mirando a unos chicos que por allí pasaron. Por un par de minutos descuidó la mochila.
Muy cerca de aquella banca vivía Juana, una de las integrantes de ese grupo que se formo para molestarme. Juana era una ex de Dante. Ese día estaba en su casa precisamente con sus amigas. Reconocieron fácilmente, mi mochila y sin que Kelly se diera cuenta se la llevaron. Al poco tiempo volví, pero noté que mi amiga estaba desesperada por la desaparición de mi mochila. Yo me sentí peor, tenía muchas cosas importantes dentro. Para colmo no había nadie alrededor. Tras ver a mi alrededor, solo noté una bodega abierta donde ingrese a preguntar y fue allí donde una niña de apenas 8años me dijo quien había cogido la mochila pues la niña, hija de los dueños de la bodega era vecina de Juana. Solo la pequeña me pidió no acusarla, prometí no hacerlo. Al conocer el paradero de mi mochila ¡Plop! , sentí como si un baldazo de agua fría se me caía encima. Mis cosas no estaban en las mejores manos. Pero ¿Para qué querrían ellas lo que había dentro? ¿Para que les serviría?
Toqué la puerta de la casa de Juana pero nadie me abrió.
Toqué la puerta de la casa de Juana pero nadie me abrió.
Ya era casi las 7pm tenia que volver a mi casa. No sabía como explicaría a mi mamá la ausencia de mi mochila. Afortunadamente cuando llegué ella no estaba, solo encargó las llaves. Así que nadie notó nada. Pero una enorme preocupación me quemaba por dentro; mis trabajos por presentar, mis cuadernos con todas las clases para los exámenes que se avecinaban y lo peor aun mi libreta de notas que debía devolver, todo estaba perdido. Que excusa daría a los profesores por no presentar los trabajos, quien me iba a creer que me los robaron y menos que un grupo de chicas despechadas con un odio en común hacia mí lo habían hecho. No sabia que hacer. ¿Cómo explicarle esto a mis padres, si ellos desconocían mi relación con Dante?
A la mañana siguiente, salí de mi casa con la excusa de hacer un trabajo. Me encontré con Dante y le conté lo que me habían hecho. Prometió ayudarme a recuperar mis cosas y junto a una amiga más, fuimos a la casa de una de las chicas. Ésta, se rió y dijo que no tenía nada y no sabia de lo que estaba hablando. Que le muestre alguna prueba de lo que decía. Lamentablemente no las tenía. Solo era el testimonio de una niña que no quería que la involucrara y tenia que cumplir con esa promesa. Tuvimos que retirarnos pues nos cerraron la puerta.
Tuve que volver a mi casa pues se me hacia tarde ya para ir a estudiar.
Tuve que volver a mi casa pues se me hacia tarde ya para ir a estudiar.
Salí de mi casa con un folder y dos de los cuadernos que aun conservaba. A mi mamá le sorprendió que no llevase mi mochila, me justifiqué diciendo que como no eran muchas cosas iría así. No me preguntó nada más.
Fui al colegio, el auxiliar entró a pedir las libretas, solo le dije que las había olvidado. No podía mantener esa mentira por mucho tiempo, así que un día me decidí a confesarle al auxiliar Juliana lo que me había pasado en realidad. Yo ya la conocía de años atrás, era muy amiga de mi mamá también. Pero le pedí que no le dijera nada. La auxiliar decidió ayudarme, aunque no le había presentado pruebas de lo que decía, gracias a Dios confió en mi.
Después de un par de días de interrogatorios a cada una de las sospechosas, dio con la verdad. Ellas habían sido. Se confundieron en todo un enredo de mentiras, la auxiliar con el pretexto de que no las expulsaría siempre y cuando devuelvan tal cual mis cosas. Les dio 24 horas para que le entregasen.
Y así fue, al día siguiente llegó a su despacho Juana llevando mi mochila. Pasada una hora el auxiliar me hiso llamar a OBE y al ingresar vi mi mochila sobre su mesa. Me alegré, mis cosas ya estaban conmigo nuevamente. Abrí rápidamente la bolsa para volver a ver mis cuadernos y dejarle de una vez la libreta al auxiliar. Pero… solo había dos cuadernos que al abrirlos les faltaban ojalas y en el centro habían frases insultantes dirigidas a mi, pero lo peor aun la libreta había desaparecido.
La auxiliar prometió seguir averiguando.
La auxiliar prometió seguir averiguando.
Regresé a mi aula muy triste pues jamás imaginé tener así mis cuadernos. Le faltaban muchas clases además de estar rayados. Sentí que nada peor me podría pasar ya. Hasta que un par de horas después, en la hora de educación física el auxiliar me llevó al salón de clases para hablarme del paradero de las cosas que faltaron. Mis cuadernos habían sido repartidos entre cada una de las chicas. Y cada una los ralló, rompió y al igual que con la libreta de notas, resolvieron quemarlos.
No podía creer cuanto rencor había en el corazón de esas mujeres. Sentí que m
i mundo se me derrumbaba. A mis escasos 12 años de edad me tocó vivir esa cruda experiencia. Yo que siempre me había preocupado por tener mis cursos al día y en orden, estaba en cero. A pesar que la auxiliar obligaría a las chicas a comprarme una nueva libreta para que ella la llenara con mis notas y que a la vez no se librarían de una expulsión temporal, nada podía consolarme. Juliana se retiró del salón y mis compañeros empezaron a entrar unos tras otros.
Yo sin embargo estaba con la mente muy lejos del aula. Mis amigos se me acercaban a molestar como de costumbre, pero no les respondía. Aun no asimilaba lo sucedido. Por un instante ya no aguante más y de mis ojos salieron un par de lágrimas que en una forma de desahogo me ayudaron a contarles a mis amigos que se preocuparon pues nadie sabia lo que estaba pasando.
i mundo se me derrumbaba. A mis escasos 12 años de edad me tocó vivir esa cruda experiencia. Yo que siempre me había preocupado por tener mis cursos al día y en orden, estaba en cero. A pesar que la auxiliar obligaría a las chicas a comprarme una nueva libreta para que ella la llenara con mis notas y que a la vez no se librarían de una expulsión temporal, nada podía consolarme. Juliana se retiró del salón y mis compañeros empezaron a entrar unos tras otros.Yo sin embargo estaba con la mente muy lejos del aula. Mis amigos se me acercaban a molestar como de costumbre, pero no les respondía. Aun no asimilaba lo sucedido. Por un instante ya no aguante más y de mis ojos salieron un par de lágrimas que en una forma de desahogo me ayudaron a contarles a mis amigos que se preocuparon pues nadie sabia lo que estaba pasando.
Al enterarse, más de uno sintió rabia por lo que me había hecho, mas aun Jorge unos de mis mejores amigos y a la vez de Dante.
Era ya la hora de salida, Jorge se ofreció a llevarme a mi casa pues no me sentí nada bien. Tomé valor de hasta donde no lo había para que en mi casa nadie notara mi estado anímico. Y lo logré.
Lamentablemente allí no terminó esa historia.
Lamentablemente allí no terminó esa historia.
Al día siguiente al entrar al colegio, me encontré con Jorge lo saludé y me comentó que Danite estaba con la auxiliar y con Juana en un interrogatorio y que dentro de poco seria llevado ante el director, pues seria expulsado. Ocurrió que Jorge al ser tan amigo de Dante le contó todo lo que Juana y sus amigas me hicieron y que eso ocasionó que yo derramara lágrimas de rabia e impotencia. Dante se molestó muchísimo y cometió la estupidez de ir a buscar a Juana y reclamárselo y al oír un insulto de ella dirigido hacia mi, no se midió y le tiro un puñete en el pómulo izquierdo. Al darse cuenta que la regó, solo le dijo que no volviera a meterse conmigo. Obviamente Juana aprovecharía esta situación para vengarse de mi, pues ella también iba a ser expulsada por lo que hiso con mis cosas. Se acercó ante el auxiliar a denunciar el hecho. Claro esta que era una grave acusación, he intento involucrarme también a mi, pero Dante no lo permitió y asumió toda su responsabilidad, aludiendo que lo hiso para defenderme de ella y que no permitiría que me lastimen pues me tenía una gran aprecio.
Dante tuvo que aceptar que se le pasó la mano, pero exigió respeto para mí. Afortunadamente Juana no se salió con la suya, y a pesar que la auxiliar en su momento también me llamó a declarar, quedé fuera de ese problema. Dantel, Juana y las demás jóvenes fueron expulsados temporalmente por una semana.
Al final terminé por sentirme muy mal, por mi culpa habían expulsado a 7 estudiantes. Pero con el tiempo descubrí que en esta vida se recibe lo que se merece. De que los errores se pagan, algunos más caros que otros. Pero lo más importante de esa historia fue que aprendí a asumir mis propios problemas sin la necesidad de recurrir a mis padres para que ellos los solucionaran por mí.
Logré asimilar de aquella experiencia que en su momento me causó una gran desesperación pero al final me otorgó una gran lección. Mi vida de niña había acabado, empezaba a conocer un mundo distinto, la realidad. Acepté que es de humanos caerse pero de sabios levantarse y seguir hacia adelante.
¿Que seria la vida sin estas pruebas que nos pone? Simplemente diría que aburrida y sombría.
La miss Lucy terminó con la presentación de su clase y sus recomendaciones. En mi mente había retrocedido 5 años y avanzado 6 meses, pero al volver a la clase, me di cuenta que solo me ausente por unos minutos.
La miss Lucy terminó con la presentación de su clase y sus recomendaciones. En mi mente había retrocedido 5 años y avanzado 6 meses, pero al volver a la clase, me di cuenta que solo me ausente por unos minutos.

Miss Lucy se dirige a la pizarra y coloca en ella “Es hora de los cambios”, este seria el tema de su clase. Pide que saquen una hoja y se pongan a escribir sobre alguna anécdota de la vida que haya marcado su ingreso a la adolescencia. Yo, por mi parte al concluir con que Crecer se conjuga con criterio, inicie mi narración así: “Cuando tenia 12…”

No hay comentarios:
Publicar un comentario